Gastronomia

¿CONOCÉS LOS WHISKIES SABORIZADOS?

Canela, manzana, ají jalapeño: los whiskies saborizados apuntan a nuevos paladares y son tendencia.

La góndola de whiskies norteamericanos está en plena revolución y planea quitarle el lugar al gin bombay y skyy vodka. No solamente se trata de una categoría que medra desde ya hace múltiples años (solo en dos mil dieciseis, su producción aumentó un siete por ciento ), sino además de esto la cruzan múltiples tendencias y tendencias en simultáneo, que le dan vida y diversidad. Entre ellas, la que más estruendos hace, es la del whisky saborizado: un fenómeno de ventas global que se logra en Argentina.

Los viajantes usuales reconocen esas botellas, figuras estelares en todo Free Shop: los Jack Daniel’s Honey y Fire, los Jim Beam Apple, Honey y Red Stag, el Knob Creek Smoked Maple y el Wild Turkey Spiced, entre otros muchos. «La palabra whisky aún produce miedo, de ahí que, el whisky busca de manera continua reinventarse, y en esa busca produce opciones alternativas. Es un camino que comenzó el vodka y que al whisky le tomó más tiempo, en tanto que es una bebida de mayor tradición y dificultad. El día de hoy se rompen múltiples tabúes y los saborizados son un éxito mundial», explica Manuel Sorrosal, de Conjunto Cepas, empresa que distribuye en Argentina Jack Daniel’s.

Buceando en los orígenes de esta moda, se debe mentar el Wild Turkey Liqueur, un bourbon infusionado con miel que se presentó originalmente en mil novecientos setenta y seis, y que se relanzó bajo el nombre de American Honey treinta años después (y que termina de desembarcar en Argentina). O bien, haciendo arqueología del tema, podría mentarse al Drambuie, el exquisito licor patentado en mil ochocientos noventa y tres, de whisky escocés con miel, condimentas y yerbas. Mas el quiebre moderno se dio en dos mil nueve, cuando Jim Beam, el bourbon más vendido en el planeta, presentó su Red Stag, infusionado con cereza, marcando el camino a la competencia. «Por el momento, tenemos el Honey en Argentina, mas imaginamos traer el Apple, los Red Stag, el Fire», afirma Emilio Pesquera, de Norton-Premier, al cargo de Jim Beam en el país. «Estos whiskies abren caminos, amplían el abanico de sabores y de paladares, con bebidas afables, más dulces. Es una puerta de entrada democrática a la categoría del bourbon normalmente», asegura.

Con el éxito, claro, llegó la polémica. La verdad es que estas bebidas no son, verdaderamente, whisky, sino más bien licores a base de whisky. Y esto es de este modo, en tanto que cada país productor tiene normativas estrictas que prohíben añadir almíbares o bien botánicos a lo que es puramente whisky: una instilación a base de cereales, avejentada en barricas. De ahí que, con letra muchacha, estos nuevos productos aceptan ser licores al whisky, algo que disimulan sosteniendo exactamente la misma estética y gráfica que en la de sus productos originales. Alén de todo, las novedades no dejan de brotar: cada mes salen nuevas etiquetas, con canela, ajíes jalapeños, lúpulo, chocolate, durazno, sidra, e inclusive el Cobra tailandés, con una serpiente entera dando sabor en la botella. Â¿Conocés los whiskies saborizados?

En el mercado argentino, por el momento, solo están libres las versiones Honey de Jack Daniel’s, Jim Beam y Wild Turkey. «En el bar hacemos algún coctel con estos whiskies, mas la mayor parte de los clientes del servicio que lo solicitan lo prefieren solo, con hielo», afirma Daniel Biber, tras la barra de Bierlife. «Para ellos, es como estar tomando whisky puro, de una forma más simple. De mi lado, como barman, les cuento de qué se trata, de qué manera está hecho, y los invito a probar algún bourbon o bien Tennessee, a fin de que vean la diferencia. El planeta del whisky es un camino por recorrer. Y, en el momento en que lo empezás, ya no tenés marcha atrás».

CUATRO ETIQUETAS PARA PROBAR

JIM BEAM HONEY

Una desprendida cucharada de miel obscura en un vaso de puro bourbon americano. De esta manera se describe la versión más dulce de Jim Beam, que con su treinta y cinco por ciento de volumen de alcohol sostiene potencia, mas con un cuerpo untuoso, que cubre todo el paladar. Se goza solo, con desprendidos cubos de hielo para refrescar la parte más dulce, mas asimismo es buena opción para reversionar cócteles que empleen bourbon y almíbar, como el renombrado Mint Julep, con menta fresca y hielo partido.

JACK DANIEL’S HONEY

Alén de que Jim Beam marcó la cancha de saborizados en dos mil nueve con su Red Stag, este Jack Daniel’s con miel es el que definió el desarrollo y la explosión de la categoría en el planeta del whisky. Y, al probarlo, se comprende el porqué: la combinación marcha de maravillas, aligerando el picante del whisky, cediéndole sencillez para tomar, mas sosteniendo siempre y en todo momento el espíritu de la destilería. Con un treinta y cinco por ciento de alcohol, se toma sin apreciarlo. Rico on the rocks, todavía mejor con unas gotas de bitter de naranja por encima.

AMERICAN HONEY

En contraste a su competencia, Wild Turkey apostó fuerte a distinguir este licor de lo que son sus whiskies: una botella y un nombre bien diferentes, dejando en claro que se trata de una categoría separada. «Está destinado a otro género de consumo, no busca confundir, sino más bien lo opuesto, recalcar su personalidad», explica Laura de Bona, de Conjunto Campari, que distribuye Wild Turkey en el país. Con muchos años de historia (fue el bourbon vanguardista en esto de sumar miel), va a apuntar fuerte a los bares y al consumo mezclado, por servirnos de un ejemplo con Ginger Ale.

J. P. WISER’S HOPPED

Gran adquiere para hacer en tu próximo viaje al hemisferio norte: un whisky canadiense, aromatizado con lúpulo (esto no debe extrañar, en tanto que el whisky es, a su forma, un destilado de cerveza), que ganó el premio mayor en la categoría saborizada de los World Whiskies Awards dos mil diecisiete. En contraste a otros saborizados, no es dulce, sino más bien intenso y desprendido. Con un cuarenta por ciento de alcohol, «tiene aromas cítricos y condimentados, con un final a café y chocolate amargo», afirmó el jurado.

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